Papá, has matado a mi padre

Hoy hace un año que murió mi padre por culpa del tabaco...

Papá, has matado a mi padre.

Ya, ya… lo sé, también fue duro para ti.

Es lo que tiene la nicotina, como droga es “estupenda”: Caladas largas y profundas y te relaja, caladas cortas y más superficiales y te activa. Vale para cualquier momento.

Sí, lo sé papá… tenías mucho encima... Además, ninguno somos realmente libres. La publicidad y la sociedad en la que viviste llevaban a eso… Pero… papá… tú mataste a mi padre.

No te enfades, papá, si lo entiendo… Vamos papá… no hace falta que te defiendas.

¿Qué quieres decir con que “era tu vida”, “que podías hacer lo que quisieras con ella?

Por eso quería escribirte, papá.

Tú vida era tuya, sí, tuya… pero también, en parte, era de aquellos a quienes quisiste regalársela.

No vivimos solos ni aislados, no vivimos en medio de la jungla… Si ese fuera el caso, a tu entierro sólo hubieran acudido los bichejos del bosque para ayudar a tu materia a seguir el ciclo de la vida.

Pero tú, papá, tú elegiste casarte y tener hijos, compañeros de trabajo, amigos en lo mundano y en lo espiritual… elegiste querernos y nosotros te quisimos. Teníamos un acuerdo de cariño, teníamos un compromiso de amor.

Y entonces, papá, tú te mataste. Sí, sé que es dificil dejar de fumar, y al final lo lograste, pero el daño ya estaba hecho...

Con esa decisión de fumar, que algunos llamarían “libre”, pusiste fin a tu vida… era tuya, tenías derecho. Pero en ese mismo acto mataste a otros muchos… y, a eso, papá, a eso no tenías derecho… no lo tenías.

Mataste al padre de tus hijos, al marido de tu mujer, al abuelo de tus futuros nietos, al amigo de tus amigos… mataste a muchos, papá, a mucha gente que no te pertenecía ya sólo a ti, que también “era de otros”. Teníamos un acuerdo de cariño, papá, y lo incumpliste.

El Universo parece no ofenderse porque hagas lo que quieras, incluso incumplir tus compromisos, pero con esa misma libertad yo puedo reclamar ese incumplimiento y decírtelo, papá.

No te lo digo con rencor, papá, te lo digo con pena. No estoy enfadado contigo, entiendo que, al fin y al cabo, tú fuiste tu primera víctima y sufriste bastante con ello...

Sí que estoy enfadado con aquellos que te engañaron, que te engatusaron para venderte veneno y lucrarse con ello. Lo peor, papá, es que lo siguen haciendo… de todas formas, no hace falta que luchemos contra ellos, la manera de terminar con esta sinrazón es dejarles sin clientes.

Por eso quería hablar estas cosas contigo, papá, contigo y con estos amigos que nos leen. Quería entenderlo mejor y encontrar luz y fuerza para intentar cumplir mejor con mis acuerdos de cariño. Quizá también alguno de estos amigos que nos escuchan encuentre aquí la chispa que le faltaba para empeñarse en vivir, en lugar de empeñarse en morir.

Sigue tu camino, papá, yo voy también siguiendo el mío. Quizá te sonrías al saber que parte de mi sendero está iluminado gracias tu ejemplo y tus consejos.

Hasta la vista, seguro que en algún recodo volvemos a encontrarnos.

Despídete de estos señores, papá… que ya se van.

Te quiero.